México recuerda hoy a Pedro Infante

Se cumplen 100 años de su natalicio

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¿Quién no ha cantado Amorcito corazón? ¿Quién no ha visto una y otra vez sus películas, que cada fin de semana inundan la televisión nacional? ¿Quién no ha bromeado con el grito de “Torito”? o ¿quién no se ha conmovido con las tragedias que viven varios de sus personajes cinematográficos? Salvo las nuevas generaciones, muchos podrán verse identificados de alguna u otra forma con el Ídolo de Guamúchil.

Pedro Infante era el representante perfecto del hombre mexicano, del hombre guapo, del hombre simpático, chistoso y buena persona. ¡Realmente era simpatiquísimo! Trabajamos en algunas películas y fuimos pareja en El inocente (1956). Jamás se quiso quitar los pantalones en la filmación porque decía que tenía las patas (sic) muy flacas. ¿Que si era cierto? ¡No lo sé porque nunca se los quitó! Era un tipazo y muy madrugador, si teníamos llamado a las siete de la mañana, él llegaba a las seis y media. Era una persona extremadamente cumplida y muy sencilla”, expresó Silvia Pinal en una entrevista con Excélsior-.

En cuanto a su afición por la comida, Pinal, quien también trabajó con Infante en La mujer que yo perdí (1949) y Un rincón cerca del cielo (1952), compartió una anécdota que a 61 años de distancia aún le provoca carcajadas.

Una vez estábamos en Acapulco filmando (El inocente) y yo había encargado unos tamalitos que hacen allá, deliciosos. Me los trajeron en una cajita y eran como 40 o 50. Me fui a filmar y cuando regresé por mis tamalitos ya se los había comido todos, ¡todos! Así, de esa medida era Pedro Infante”, expresó entre risas la actriz sonorense.

Nacido el 18 de noviembre de 1917 en Mazatlán, Sinaloa, Pedro Infante fue el cuarto hijo de 15. Por cuestiones económicas, el pequeño Pedro cursó hasta cuarto de primaria y comenzó a trabajar a temprana edad. Su primer empleo fue en la Casa Melchor, donde fungió como mandadero.

Después de esa experiencia, entró a trabajar como carpintero con Jerónimo Bustillos, donde estuvo laborando cinco años. Se sabe que ya en la cumbre de la fama, Pedro seguía construyendo los muebles de sus casas, debido al amor que sentía por el “oficio  de Cristo”, como él lo definía.

Como siempre le atrajo la música, utilizó sus conocimientos de carpintería para construir una guitarra y tocar en algunos bares de Mazatlán con su grupo La Rabia. A los 20 años Infante fue contratado como violinista, baterista y cantante por La Orquesta Estrella y se mudó a Mazatlán. Es ahí donde conoce a María Luisa León, con quien se casó y mudó a la Ciudad de México para probar suerte, primero como carpintero y peluquero, y después como cantante.

En Guasave se cuentan algunas anécdotas de las visitas de Pedro Infante a la casa de Don Ignacio Bórquez y de las complicaciones que en una ocasión tuvo para despegar en su avíon.

 

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